Boletín 52 - Entrevista a Father Godfrey SJ
- ADA FUNDACIO ADA - MON ADIVASI
- hace 2 días
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"La educación es el camino hacia una sociedad más justa"
Usted lleva muchos años trabajando con comunidades adivasi en la India. ¿Cómo
comenzó este camino?
Soy indio y siempre he sentido que mi lugar estaba aquí, junto a mi gente, especialmente junto a quienes viven en mayor situación de pobreza. Si no hubiera sido jesuita, probablemente habría emigrado a Occidente, pero la Compañía de Jesús me dio la inspiración para dedicar mi vida a esta misión.
Desde pequeño aprendí en mi familia el valor de la educación como herramienta para dignificar a las personas. Más tarde, la llamada de la Compañía de Jesús a unir fe y justicia me hizo comprender que la mejor manera de vivir ese compromiso era trabajando por la educación de los más vulnerables. Comparto la convicción de Babasaheb Ambedkar: la educación es el instrumento más poderoso para liberar a los pueblos de la opresión y construir una sociedad más justa.
¿Cuál es la realidad de las comunidades con las que trabaja?
La mayoría son comunidades adivasi que viven de la agricultura de subsistencia. Sus familias disponen de muy pocos recursos y afrontan enormes dificultades para acceder a una educación de calidad, una buena alimentación o medios de vida estables.
Las barreras son múltiples: falta de infraestructuras, escasez de materiales, problemas de salud, migraciones estacionales y un contexto donde la supervivencia diaria deja poco espacio para pensar en la educación. Además, muchos niños estudian en una lengua y con unos métodos alejados de su realidad cultural, lo que hace todavía más difícil su aprendizaje.
¿En qué consiste el modelo educativo que han desarrollado?
Nuestro modelo combina educación formal, no formal e informal para responder a las necesidades reales de cada comunidad. Lo llamamos Village Education Development Approach (VEDA).
Trabajamos a través de pequeños centros de aprendizaje situados en las propias aldeas. Los tutores son personas de la comunidad, preferentemente mujeres, que conocen la lengua, la cultura y la realidad de los niños. No buscamos títulos universitarios; buscamos personas con capacidad para aprender y enseñar.
La filosofía del programa es muy sencilla: la participación garantiza el aprendizaje. Cada niño avanza a su propio ritmo y el tutor acompaña ese proceso de manera cercana. Utilizamos materiales visuales, juegos, canciones y recursos audiovisuales que facilitan la comprensión y hacen que aprender resulte una experiencia positiva.
Este apoyo permite que muchos niños puedan continuar viviendo con sus familias, sin necesidad de trasladarse a internados lejos de sus comunidades para poder seguir el currículo escolar.
¿Qué impacto observa en los niños y niñas?
Lo primero que cambia es su relación con el aprendizaje. Poco a poco adquieren el hábito de estudiar, ganan confianza y mejoran sus capacidades de lectura, escritura y expresión. Pero el cambio más importante es que descubren que son capaces de aprender.
Una historia resume muy bien este proceso. Sunanda, una joven de la aldea de Khandepada, apenas sabía leer y escribir cuando comenzó como tutora del programa. Mientras enseñaba a otros niños fue aprendiendo ella misma, completó sus estudios y llegó a dominar el inglés, algo muy poco habitual en estas zonas rurales. Hoy continúa enseñando a los niños de su comunidad y las propias familias contribuyen económicamente para sostener su trabajo. Su aula lleva funcionando más de diez años.
¿Cómo se relaciona este modelo con la cultura adivasi?
Nuestro objetivo no es sustituir la cultura de estas comunidades, sino fortalecerla mientras ampliamos sus oportunidades.
Los materiales educativos respetan el contexto cultural y lingüístico de los niños, utilizando recursos visuales que facilitan el aprendizaje independientemente de la lengua materna. Al mismo tiempo, aprenden inglés, matemáticas, ciencias, salud y otras materias que les permiten abrirse al mundo.
La educación no consiste únicamente en preservar las tradiciones. También debe ayudar a las personas a descubrir nuevas posibilidades sin perder sus raíces. Queremos que los niños puedan elegir su futuro desde su propia identidad, no renunciar a ella.
¿Qué ha significado la colaboración con ADA?
Nuestra relación comenzó hace muchos años gracias a la amistad con varios jesuitas españoles, mucho antes del nacimiento de ADA. Con el tiempo, esa relación se transformó en una colaboración sólida basada en valores compartidos.
ADA ha sido un socio fundamental para hacer posible este trabajo. Nosotros acompañamos a las comunidades sobre el terreno y ADA aporta el apoyo necesario para que estos programas educativos puedan mantenerse y crecer.
Después de tantos años, ¿qué le ha enseñado esta experiencia?
Me ha permitido vivir mi vocación siguiendo a Jesús desde el compromiso con las personas más vulnerables. Para mí, la fe solo tiene sentido cuando se convierte en justicia.
Sigo creyendo que, aunque existan enormes fuerzas de explotación y desigualdad, siempre habrá personas y comunidades capaces de resistir y construir un futuro mejor. Los pueblos poseen una fortaleza que ninguna forma de opresión puede destruir completamente.
Es un privilegio poder caminar junto a ellos y contribuir, aunque sea modestamente, a esa esperanza.
Porque, al final, venceremos.



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